Tu ronquido no va a mejorar solo — y no es por la nariz
Por qué las tiras, el spray y la almohada te fallaron, explicado por un especialista del sueño.
Por el Dr. Javier Herrera · 22 años en medicina del sueño
Necesito que leas esto entero. Con calma.
No porque te vaya a vender nada en el primer párrafo, sino porque llevo veintidós años sentado enfrente de gente que llega tarde. Y casi todos llegan tarde por la misma razón: nadie les explicó dónde se produce el ronquido.
Si has llegado hasta aquí, probablemente ya sepas que roncas. Deja que te describa tu semana, y me dices si me acerco.
Estás cansado de una forma que ya no se arregla durmiendo. No el cansancio normal de un día largo. Ese otro, el de fondo, en el que duermes ocho horas y te levantas como si hubieras dormido dos.
Tu pareja ya no se queja. Y eso no es una buena noticia. Dejó de quejarse porque se rindió. Puede que se lleve el móvil a la sala. Puede que se haya acostumbrado a los tapones. Puede que ya duerma en otro cuarto y los dos hayáis decidido no llamarlo por su nombre.
Se te olvidan cosas. Entras en la cocina y no sabes a qué venías. Te desconectas a media conversación. Estás más irritable de lo que te gustaría, y lo sabes.
Y de madrugada, el sobresalto. Esa vez que te despiertas de golpe, con el corazón acelerado, con la sensación rara de haberte quedado un segundo sin aire.
Si has dicho que sí a dos de esas cuatro, sigue leyendo. Esto no se arregla solo. Y lo que es peor: cada mes que pasa lo vuelve un poco más difícil de arreglar.
Lo que llevas años probando, y por qué nada funcionó
Voy a adivinar lo que hay en tu cajón de la mesita.
Tiras nasales. Un spray. Puede que una almohada que te compraste convencido. Puede que una férula de esas que te empujan la mandíbula. Y si has llegado más lejos, puede que una máquina con mascarilla que acabó guardada en su bolsa.
Uno de mis pacientes lo resumió mejor que cualquier artículo: «probé con protectores bucales, cinta nasal, cinta bucal, de todo».
Aquí está el problema, y es tan simple que molesta:
Ninguna de esas cosas toca el sitio donde se produce el ronquido.
Las tiras y los sprays trabajan en la nariz. La almohada trabaja en la postura. La férula trabaja en la mandíbula. Y el ronquido no se produce en ninguno de esos tres sitios.
No es que fueras poco constante. No es que no lo intentaras bien. Es que estabas poniéndole una tirita a un hueso roto.
Entonces, ¿dónde se produce?
En la garganta. Y más concretamente, en unos músculos que sostienen la vía aérea abierta mientras duermes.
Míralo así. Mientras estás despierto, esos músculos trabajan sin que te enteres: mantienen el conducto por el que pasa el aire abierto, como unas vigas que sostienen un túnel. Todo bien.
Pero cuando te duermes, se relajan. Pierden alrededor del 80 % de su tono. En mucha gente eso no pasa de ahí. En otros —y esto empeora con la edad— se relajan tanto que se vencen hacia dentro y estrechan el conducto.
Y ya está. Ese es el mecanismo entero:
Conducto estrecho = el aire vibra al pasar = ronquido.
El sonido que tu pareja lleva años oyendo no sale de tu nariz. Sale de ahí.
Por eso las tiras nasales no te sirvieron. Estaban abriendo la puerta de entrada de un pasillo que se cierra veinte metros más adentro.
Lo que cambia cuando atacas el músculo y no el síntoma
Si el problema es que un músculo pierde tono, la pregunta correcta no es «cómo fuerzo el aire a pasar». Es «cómo hago que ese músculo no se venza».
Y a un músculo se le mantiene el tono de una sola manera: activándolo.
Es el mismo principio por el que en rehabilitación se usa electroestimulación en una rodilla operada. No le pides al paciente que haga sentadillas con la pierna rota: le mandas impulsos suaves al músculo para que no se atrofie mientras se recupera.
Eso, aplicado a la garganta, mientras duermes.
Cómo funciona Quies
Es un aparato pequeño, de 28 gramos, que se coloca bajo el mentón con un parche adhesivo. Ni en la boca, ni en la nariz, ni en la cara.
Manda un pulso de 42 microamperios cada 3 segundos durante toda la noche. Es un estímulo muy por debajo del umbral de dolor: la mayoría de mis pacientes deja de notarlo a los dos minutos de acostarse. Ese pulso mantiene activo el músculo de la garganta para que no se venza mientras duermes.
Sin mascarilla. Sin manguera. Sin motor haciendo ruido. Sin nada dentro de la boca. Sin cables y sin enchufe: lleva su propia batería.
Se pone en tres pasos: pegas el parche bajo el mentón, encajas el aparato, lo enciendes y te duermes. El parche dura 10 noches.
Qué esperar, noche a noche
Mis pacientes siempre me preguntan lo mismo: «¿cuánto tarda?». Esto es lo que les digo.
Noche 1 a 3. El primero que lo nota no eres tú: es quien duerme a tu lado. El ruido baja. Tú probablemente no sientas gran cosa todavía, y es normal — llevas años de sueño roto acumulado y eso no se recupera en una noche.
Semana 1 a 2. Aquí empiezas a notarlo tú. Te despiertas y falta algo: ese peso de la mañana. Llegas a la tarde sin el bajón.
Mes 1. Duermes del tirón. No «duermes más horas» — duermes corrido, que es otra cosa, y es exactamente la frase que usan mis pacientes cuando vuelven.
Y hay un momento, normalmente entre la segunda y la cuarta semana, en el que alguien vuelve a la cama.
Una nota personal, sobre quien duerme a tu lado
Quiero hablarte de algo que no suele salir en un artículo médico.
En la consulta no trato a una persona. Trato a dos. El ronquido nunca es una enfermedad de uno solo: rompe el sueño de quien lo hace y de quien lo oye, y hace daño a los dos de formas distintas.
He visto a mujeres llorar en mi consulta. No de enfado — de agotamiento. Años sin dormir seguido. Y he visto a hombres bajar la cabeza y decirme que se sienten culpables de un ruido que no pueden controlar.
Una paciente lo dijo así: «estaba tan cansada que no era amable ni razonable». No estaba hablando de su marido. Estaba hablando de sí misma.
Esto es lo que quiero que entiendas: arreglar tu ronquido no va solo de ti. Va de la persona que lleva años despertándose a tu lado. La que se fue al otro cuarto no porque dejara de quererte, sino porque necesitaba dormir.
Cuando mis pacientes vuelven a los dos meses, lo primero que me dicen casi nunca es «duermo mejor».
Es «volvió a la cama».
No arriesgas nada, y me aseguré de eso antes de escribir esto
Antes de recomendar algo, pregunto por la garantía. Es innegociable para mí, porque quien pone la cara soy yo.
60 noches. No 15, no 30. Sesenta noches completas para probarlo, porque devolverle el tono a un músculo lleva semanas y no tendría sentido juzgarlo en tres días.
Si en esas 60 noches sigues roncando, si tu pareja no duerme mejor, si no te levantas distinto — devuelves el aparato y te devuelven el dinero. Sin preguntas.
Ya lo están usando miles de mexicanos.
Te lo digo directo
En veintidós años he visto el mismo bucle una y otra vez:
Ignoras el ronquido → pruebas tiras → no pasa nada → pruebas una almohada → tampoco → pruebas una férula → te duele la mandíbula → lo dejas → aceptas estar cansado para siempre.
Y mientras tanto pasan los años, tu pareja se muda de habitación, y un día te oyes decir que «siempre has dormido mal», como si fuera tu carácter.
No es tu carácter. Es un músculo.
Si te has reconocido en algo de lo que he escrito hoy, da el paso. No mañana. Esta noche.
Las preguntas que me hacen todos los días
«¿Se siente?»
No. El pulso está muy por debajo del umbral de dolor. La mayoría se olvida de que lo lleva a los dos minutos.
«¿Y si me muevo mucho durmiendo?»
El parche es adhesivo de grado médico y aguanta la noche entera. Tengo pacientes que duermen boca abajo y no se les ha movido.
«Ya probé de todo. ¿Por qué esto sí?»
Porque todo lo que probaste trabajaba en la nariz, en la postura o en la mandíbula. Ninguno tocaba el músculo de la garganta, que es donde se produce el ronquido.
«¿Cuánto dura el parche?»
10 noches cada uno.
«¿Por qué no me lo ha dicho mi médico?»
Porque la electroestimulación aplicada al ronquido es reciente comparada con lo que se enseña en la facultad, y la medicina tarda en incorporar cosas nuevas. Por eso escribo esto.
«¿Y si no funciona conmigo?»
Devuelves y te devolvemos el dinero, dentro de las 60 noches. El único riesgo real es quedarte otro año como estás.
El Dr. Javier Herrera lleva 22 años dedicado a la medicina del sueño y a los trastornos respiratorios nocturnos.